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A las puertas de unos Juegos Olímpicos de Hockey Hierba

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A las puertas de unos Juegos Olímpicos de Hockey Hierba

Cuando el Hockey se vuelve gris

Me llamo Júlia Pons y tengo 23 años. Soy jugadora de la Selección Absoluta de Hockey Hierba desde los 18 años. El pasado 2016 me quedé justo a las puertas de los Juegos Olímpicos.

Para mi no es nada fácil recordar el momento en que supe que iría a Río, pero como jugadora reserva. Si me pongo a pensarlo, aún hoy los ojos se me ponen llorosos.

Llevaba tres años trabajando intensamente con la selección Española para conseguir jugar unos Juegos Olímpicos, uno de mis sueños y objetivos como jugadora de Hockey Hierba. Como es de suponer, en un primer momento se me cayó el mundo encima, no me lo creía. 

¿Qué es lo primero que hiciste? 

Llamar a casa y contarlo. También envié un mensaje a mi equipo, mi segunda familia, porque quería decírselo yo y que no les llegara por otro lado. En ese momento lo único que quería hacer era llegar a casa y abrazar bien fuerte a mis padres, pero la realidad era que tenía que quedarme todavía un día entero en Alicante. Fue muy duro, la verdad.

¿Qué pasó después? 

Pasados unos días y ya en casa, lo empecé a ver de otra manera. Sabía que no me serviría de nada amargarme y mucho menos ir de víctima. Yo estaba tranquila porque consideraba que lo había dado todo y que la decisión de entrar en la lista de dieciséis jugadoras no dependía al cien por cien de mí. Así pues, decidí exprimir la experiencia para disfrutarla al máximo.

¿Y cómo fue?  

Evidentemente no siempre estás feliz. Hay momentos de todo. Por ejemplo, cuando pisamos el campo de hockey por primera vez para entrenar. Lo que al principio te parece muy grave, luego ves que no lo es tanto, que estar allí, aunque sepas que seguramente no vas a jugar, también es una muy buena experiencia. ¡Estás en el foco mundial y entre los mejores! Además vivir en la villa olímpica es algo increíble. ¡Hay de todo y gratis! :)

¿Qué es lo que más te gustó? 

De la villa me impactó sobretodo el comedor. Era una carpa enorme dónde podías ir a cualquier hora y coger todo lo que quisieses. Para que os hagáis una idea de lo grande que era, os digo que a veces no encontrabas dónde estaba sentado el equipo comiendo.

Además, me encantó poder desfilar en la ceremonia inaugural. Es algo que seguro que no voy a olvidar nunca. La entrada al estadio me parece muy, muy difícil de describir. ¡Fue increíble! Un subidón total de adrenalina. Recuerdo que iba con la cámara en la mano y saludando aquí y allá con el abanico. Si veíamos cámaras, todo el mundo se ponía delante para saludar. En aquellos momentos no existen deportistas más famosos que otros y todo el mundo está igual de emocionado y eufórico. Te haces fotos y vídeos con el primero que pasa y bailas y gritas con todo el mundo.

¿Y lo que menos? 

No os voy a engañar, durante las semanas previas o durante los juegos, tuve la esperanza de que podría llegar a jugar. Es algo raro porqué no es que quieras que nadie del equipo se haga daño, pero supongo que es algo que te aferra a seguir adelante. Finalmente no pude jugar, pero siempre diré que pude ir a Río, aunque fuese como jugadora reserva.

Si lo miramos en frío…  

Sin duda ha sido una buena experiencia que me ha hecho crecer. Lo veo como una piedra más en mi camino. Una piedra que recogí, para guardarla con las otras y en un futuro poder construir un castillo (o lo que sea) con ellas. 

Un placer poder contaros esta experiencia a través del blog de Flick Hockey, tienda que lleva confiando en mi desde 2013. 

Júlia

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  • Jordi Carrera
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